

‘El tigre y la guitarra’ es la historia real de Yoichiro Yamada, un japonés que vino a Madrid para ser guitarrista flamenco y jamás regresó a su país. Terminó abducido por dos mundos idílicos y en principio opuestos: el del flamenco que amaba y el de los samuráis de los que era descendiente. En su deriva no supo encontrar la salida a su propio laberinto. “¡Vuelve a casa!”, le pedían sus amigos. Pero se negaba: no podía regresar porque no se había convertido en el guitarrista que soñó. Hacerlo iba, decía, contra su honor y el de su familia. Nunca lo hizo.
Yamada vivió durante años en la calle y terminó muriendo en la Plaza de Oriente de Madrid, su rincón favorito de la ciudad. Sin embargo, poseía una gran colección de guitarras que se negaba a vender incluso para comer. Creía que, si lo hacía, la guitarra que vendiera se convertiría en un tigre y lo devoraría.
Durante décadas los artistas flamencos españoles han viajado a Japón. Los primeros, en los años sesenta, por temporadas de incluso un año, no sabían siquiera dónde estaba aquel país. Todo se les hacía inhóspito. Todo les daba miedo. Pero también encontraron allí una veneración y respeto por el flamenco que no veían en España.
Unos, los españoles, los flamencos, eran salvajes, golfos y pasionales. Los otros, los japoneses, reprimidos, disciplinados y confiados. Pero, como buena historia de amor imposible, se entendieron. Los japoneses encontraron en el flamenco su vía de liberación frente a la represión de la sociedad y los flamencos en Japón su salvación económica. Y la pasión se desató...
Esta es la historia de esa pasión única, insólita, imposible: la de Japón por el flamenco.
Y esta es la historia del hombre que vivió la mayor de esas pasiones. Hasta la locura. Hasta morir por ella.
‘El tigre y la guitarra’ nos habla del choque de universos paralelos, de pasiones y de obsesiones, pero también de hasta dónde nos arrastran nuestros pensamientos, del fracaso y de cómo los sueños que perseguimos pueden acabar persiguiéndonos. Es la historia de Yoichiro Yamada, pero es también la historia de uno de los miles de rostros anónimos que viven en la calle, una realidad que muchas veces no queremos ver pero que es trágicamente real.